El Tiempo no se pierde, se conoce.

A menudo tratamos al tiempo como una moneda que se gasta o un recurso que se agota. Lo «matamos» cuando estamos aburridos o lo «perdemos» cuando no somos productivos. Sin embargo, el Sombrerero Loco nos regala una bofetada de realidad con su lógica disparatada: el Tiempo es un personaje.
Al personificarlo, Carroll nos invita a cambiar nuestra relación con él. No puedes «poseer» a una persona, solo puedes cultivar una relación con ella. Si te llevas bien con el Tiempo, él hará que las cosas fluyan; si intentas dominarlo o ignorarlo, se volverá caprichoso.
En nuestro mundo hiperconectado, donde el reloj nos dicta qué hacer segundo a segundo, la lección es vital: dejar de pelear contra las manecillas y empezar a caminar a su lado. No se trata de cuántas cosas haces en una hora, sino de qué tan presente estás mientras ese «personaje» te acompaña.


Deja un comentario


Carlos Manuel Citalán Marroquín