
En el jardín de lo imposible, donde las flores susurran acertijos y el tiempo se detiene en una taza de té, surge una verdad tan antigua como las estrellas. La Duquesa, entre el caos de un mundo que se desdibuja, nos entrega la llave maestra: el amor es el giro eterno.
No son los relojes del Conejo Blanco, ni las leyes de la lógica las que mantienen al mundo en su sitio. Es esa fuerza invisible, ese hilo de seda que une los corazones, lo que permite que la tierra no se detenga.
»El amor no es solo un sentimiento; es el combustible de la existencia, la melodía que hace que incluso en el disparate más absoluto, la vida encuentre su propio ritmo y sentido.»
Al final, cuando el sueño de Alicia termine y las cartas de la baraja vuelen por los aires, lo único que quedará suspendido en el aire, como la sonrisa del Gato de Cheshire, será la certeza de que solo a través del amor el universo cobra su verdadera dirección.
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