
«Una vez —dijo por fin la Falsa Tortuga— fui una Tortuga de verdad.»
Este diálogo es uno de los momentos más sutilmente profundos de Lewis Carroll. A través de la Falsa Tortuga, se nos invita a reflexionar sobre la crisis de identidad y la nostalgia.
La tristeza del personaje no nace de lo que es ahora, sino del abismo que existe entre su realidad actual y lo que solía ser. En el País de las Maravillas, donde todo es absurdo, la Falsa Tortuga representa ese sentimiento tan humano de sentir que hemos perdido nuestra esencia o que estamos viviendo una versión «falsa» de nuestra propia vida.
Nos enseña que el pasado puede ser una carga pesada si no dejamos de definirnos por lo que «una vez fuimos». Es una invitación a mirar a Alicia (quien siempre está cambiando de tamaño y de dudas) y entender que la identidad no es algo estático, sino un proceso constante de transformación, aunque a veces el camino nos haga sentir un poco «falsos» frente al recuerdo de nuestra antigua versión.
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