
Vivimos en una época fascinante, pero vertiginosa, donde lo único constante es el cambio. Hoy en día, el mundo está cambiando a toda velocidad y esto tiene un impacto directo en cómo vivimos y trabajamos. Ante este panorama, se vuelve innegable que el éxito e incluso la supervivencia de las personas están estrechamente ligados a su capacidad para seguir aprendiendo. De hecho, en nuestro mundo rápidamente cambiante, existe una regla de oro: si no puedes aprender, desaprender y reaprender, estás perdido.
Pero, ¿qué significa exactamente este concepto y por qué es tan crucial hoy en día? Acompáñame en esta reflexión para descubrir cómo podemos vaciar nuestro vaso y dejar espacio para las nuevas ideas.
El mito del conocimiento estático y la trampa de la rutina
A menudo, solemos pensar que una vez que aprendemos algo, ya estamos listos para siempre. Sin embargo, aferrarnos ciegamente a nuestras viejas formas de hacer las cosas puede llevarnos al estancamiento. A veces, sin darnos cuenta, nos convertimos en lo que se podría describir como un «hámster» corporativo: nos ponemos nuestro uniforme, tomamos nuestro maletín, nos subimos a nuestra rueda y corremos a toda velocidad durante todo el día. Al final de la jornada, bajamos exhaustos, pero seguimos exactamente en el mismo lugar dentro de nuestra caja de cristal, sintiendo que trabajamos muchísimo pero no crecemos en absoluto.
Esta repetición constante nos puede generar una enorme frustración e insomnio, pero si logramos canalizar esa incomodidad, la frustración puede convertirse en el motor principal para replantear nuestros objetivos y nuestro estilo de vida. Para romper esa rueda de hámster, el primer paso es aceptar que necesitamos desaprender.
La metáfora del vidrio y la arcilla: ¿Qué es desaprender?
Aprender implica reconectar nuestras neuronas en la mente para adquirir conocimientos o habilidades que antes no teníamos. Cuando hacemos esto por mucho tiempo, nuestra mente se adapta y se solidifica, lo cual es útil, pero nos vuelve rígidos.
Podemos imaginar nuestra mente como si fuera un pedazo de vidrio o un bloque de arcilla. Si intentas darle una nueva forma a un vidrio frío aplicando mucha presión, simplemente se va a quebrar por su fragilidad. Sin embargo, si le aplicas fuego y calor, ese vidrio eleva su temperatura, se vuelve maleable y puedes darle la forma que desees antes de que se vuelva a enfriar y solidificar. Lo mismo ocurre con la arcilla: si le agregas humedad y agua, se vuelve blandita y manejable nuevamente. Desaprender es exactamente eso: es aplicar ese «calor» o «humedad» a nuestras estructuras mentales rígidas para volvernos flexibles frente a los nuevos desafíos.
¿Por qué nos cuesta tanto trabajo?
Es importante entender que desaprender suele requerir mucho más esfuerzo que aprender algo desde cero. Si intentas aprender a tocar una canción en el piano utilizando los dedos incorrectos, llegará un punto en el que no podrás avanzar; para seguir mejorando, te verás obligado a desaprender esa mala técnica de digitación y adoptar la correcta, lo cual es increíblemente difícil porque tu cuerpo ya se había acostumbrado al error.
Esto no nos pasa solo a nosotros. Incluso figuras de talla mundial, como el tenista Novak Djokovic, tuvieron que desaprender la forma en que sacaban la pelota desde que eran niños, modificando la altura del lanzamiento para poder perfeccionar su técnica y seguir en la cima del deporte.
Un mundo que nos exige reinventarnos
El mercado laboral y la sociedad actual no nos van a esperar. En un horizonte de cinco a diez años, los expertos advierten que casi ninguna profesión se salvará de un cambio brutal y muchas tareas tenderán a desaparecer. Tecnologías como la automatización pondrán en riesgo oficios administrativos, e incluso los médicos verán cómo las máquinas asumen gran parte de los diagnósticos rutinarios, obligando a los doctores a evolucionar hacia áreas de mayor valor añadido y de contacto humano más estrecho. Frente a la inminente llegada de los coches autónomos y la inteligencia artificial, la capacidad de adaptación dejará de ser una opción para convertirse en una necesidad.
Frente a estas fuerzas globales que impulsan el cambio, no podemos esconder la cabeza y esperar a que la tormenta pase; debemos hacernos cargo e intentar influir proactivamente en nuestro futuro.
La llave maestra: La reflexión constante
Entonces, ¿por dónde empezamos? La transformación personal y profesional emerge a partir del diagnóstico de nuestras propias necesidades y de la reflexión profunda sobre nuestra práctica diaria. Desaprender requiere que hagamos una pausa, observemos nuestras rutinas, evaluemos qué herramientas ya no nos sirven y propongamos nuevas alternativas. Se trata de gestionar nuestro propio aprendizaje y reconfigurar nuestra identidad frente a los retos del contexto.
En conclusión, el aprendizaje continuo es la marca registrada de este siglo. Te invito a mirarte al espejo el día de hoy y hacerte esta valiosa pregunta: ¿Qué creencia, hábito o conocimiento absoluto necesito empezar a desaprender hoy mismo para poder seguir avanzando? El mundo se está transformando; asegúrate de que tu mente también lo haga.
Referencias:
- Garabal, J. (s.f.). Desaprender para aprender [Archivo de video]. TEDxMaspalomas.
- Garbulsky, G. (s.f.). Aprender y desaprender: cuatro elementos y el ejemplo de Djokovic [Archivo de video]. TED español.
- Meléndez, S. (s.f.). Aprende a desaprender [Archivo de video]. TEDxSurco.
- Moreno Olivos, T. (s.f.). Aprender, desaprender y reaprender. Revista Mexicana de Investigación Educativa.
- Sumba Arévalo, V. M., & Mejía Vera, J. G. (s.f.). Aprender a desaprender desde la profesionalización docente. Universidad Nacional de Educación (UNAE).
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